sábado, 24 de enero de 2009
6 am.
Mañana fría... debo despertar.
martes, 20 de enero de 2009
Ella sola.
La gente decía que era muy callada. La gente no sabía nada.
Ella se fue un día y no volvió nunca más. Yo pienso que está del otro lado y que sigue pasando largas horas en su jardín favorito, pensando si algún día volverá.
sábado, 17 de enero de 2009
Ni.
¿Cómo habría él, entonces, de sentir dolor?
viernes, 16 de enero de 2009
Gente extraña, tan sabia.
Un anciano en bicicleta paró y se sentó a mi lado, diciéndome "amiga" solté el llanto que tan escondido tenía. Apenas podía respirar entre el mar de lágrimas que derramé y él sólo me miraba.
Le conté un poco sobre mí, a medida que él me preguntaba. Me dijo que yo tenía inteligencia, habilidad y sensibilidad, y que no entendía cómo con todos mis talentos yo podía estar ahí perdiendo el tiempo "que nadie te va a pagar, estás llorando aquí gratis" sentada en una banca, tan trágica.
Me habló un poco sobre él y después me retó por no demostrar mis sentimientos, "así nadie va a llegar a tí y tu no vas a llegar a nadie!".
Me enseñó que el orgullo no vale, que no sirve para nada y que lo único que importa en la vida es el amor. Incluso me dijo que quienes escribían sobre si mismos no eran faltos de imaginación, yo pensé que quizás tenía demasiada, al punto de efermarme. Mientras, a mi me parecía increíble que un anciano extraño me dijera todo lo que había querido escuchar durante este último tiempo.
Al final, se fue en su bicicleta, con su cuerpo semidesnudo, con sus dientes de oro y su barba sin cortar. "Que te vaya bien".
miércoles, 14 de enero de 2009
Insuperable.
La tarde de sol escondido entre las ramas del cerezo.
Fue ahí donde sonreí junto a las amargas lágrimas que derramé por ti. Comencé a entender lo evidente.
Tuvo el sol ese cierto efecto -algo extraño- de devolverme el orgullo que tan enterrado había dejado desde que decidí establecerme bajo tu sombra. Y me hizo entender también que me había preocupado tanto por el daño que me hacías, que me descuidé del daño que yo misma me provocaba.
Me explicó también que el amor no es tan complicado como yo lo estaba viendo, y que nuestra relación se había vuelto una batalla en mi interior. "Pero las relaciones son de a dos... no es sólo mi culpa", me excusé, osada. Y él me respondió preguntándome qué hacía yo preocupada de débiles, de menores, de falencias y de idiomas.
Insuperable, siempre fui y me cegué por impresiones. Y otra vez, sonreí junto a las amargas lágrimas.
Ahora lejos, en casa, siento que no hay más daño por hacer. Extraño extrañarte. Y odio asumir que te quiero aún, que no te quiero lejos, que me encanta tu sombra y tu piel, que nunca te lo dije...
... que ahora me arrepiento de no haberte dicho nunca que te quería tanto.