domingo, 14 de diciembre de 2008

Citera.

Suelo sentir ese palpitar acelerado en mi pecho. Conjunto a mis sonrisas pícaras. Y mis manos torpes golpeándose.

Una risa disimulada se asoma, insinuante.



De las cosas buenas de mi vida.
Amor.

martes, 9 de diciembre de 2008

Octava.

De sonrisa falsa y ojos perdidos.
Es fácil verme así.

En algún momento me perdí.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Por tí, por mí.

Solos. Nos mirábamos sin vernos. Densa oscuridad absorbente nos cobijaba aquella noche que fuimos felices. No había recuerdos, ni remordimientos. Al fin éramos nosotros mismos realmente. Uno y uno.

Fue entre el delirio que provocan estas situaciones, el aroma de nuestros cuerpos y la respiración agitada, que nos aventuramos en aquella osadía, la que en cierta forma nos parecía prohibida. Con el silencio mirándonos, comenzó.

Deslicé mi mano hasta tenerla bajo su pantalón y sentí el deseo mutuo. Los besos comenzaron a ser más rápidos y menos cuidadosos. Todo era calor. La ropa se fue y nuestros cuerpos desnudos se enlazaron formando un vaivén de movimientos. Entre las sábanas enredadas y la oscuridad, nos empujábamos, llenándonos de placer.


Una vez acabados, volvíamos una y otra vez, una y otra vez. Nada podía detener el amor que tan locos nos había vuelto.

Y entonces volvíamos. Una y otra vez, una y otra vez, hasta acabar.