Hasta cuándo penderá amenazante aquel octaedro negro infinito ante el sol. Su sombra aterradora ha vuelto las mentes normales, cuando todo se ha vuelto común. Prestidigitador conoce la raíz desde donde nace el hilo que sostiene al horrible sólido. Conoce al ave al final, y como todos los días va a visitarla para oírle repetir las mismas pérfidas palabras a las cuales responde caballerosamente, "Servidor de usted".
Sin embargo Prestidigitador no sospechaba por segundo alguno, semejante temor como el que acaba de erizarle la nuca al hallar al infame pájaro tirado en el suelo, fuera de su impecable pedestal de madera barnizada. Frío, duro, de ojos secos y las patas tiesas. Prestidigitador ha quedado entumecido de pavor y así se ha quedado por horas. Me quedaré unas horas más por si mueve al fin la boca para clamar con brillante elegancia "¿La señorita Ignacia, si me hace el favor?".
Para yo responderle con vigoroso entusiasmo "Servidora de usted".