martes, 26 de febrero de 2013

Un paso.

Es la caverna, el vacío moral de una generación con metas, pero sin valores, un país en que lejos de haber verdad, hay sólo imágenes, sombras de la realidad, y donde a nadie le importa nada.
Todo, debido a que su célula primigenia -la persona humana- no cumple la sentencia de Delfos de conocerse a sí mismo. De ahí a la baja autoestima, hay un paso, y del desprecio a sí mismo, al desamor, la depre y el suicidio, otro. El esclavo resiente su condición.
Por eso el eximio, el que tuvo el privilegio de escapar de la ignorancia, tiene por misión, no encerrarse en torre de marfil, sino liberar cautivos de la caverna.

Filosofía Clásica, Pablo Huneeus.

martes, 12 de febrero de 2013

F.

Es ese momento. Los lunares en tu espalda.
No me voy a aparecer por un rato.

lunes, 28 de enero de 2013

Raskolnikov III

—¿Qué hacer? Hay que romper lo que debe ser roto, de una vez para siempre; eso es todo, y tomar el sufrimiento sobre uno mismo. ¡Qué! ¿No comprendes? Ya comprenderás más tarde. ¡La libertad y el poder, ante todo el poder! ¡Dominar sobre todas las criaturas temblorosas, y sobre todo el hormiguero! Ése es el fin, recuérdalo. Éste es mi viático para ti. Tal vez te hable ahora por última vez. Si no vengo mañana lo sabrás todo por ti misma, y entonces, acuérdate de mis palabras. Y más tarde, con el tiempo, dentro de un año, acaso comprendas lo que significaban.

Crimen y Castigo, F. M. Dostoievski

domingo, 20 de enero de 2013

Raskolnikov II

El dolor es obligatorio para las conciencias amplias y los corazones profundos. Los hombres verdaderamente grandes deben, al parecer, experimentar en la tierra una gran tristeza —agregó con un acento que no estaba en el tono de la conversación.

Levantó los ojos, miró a sus interlocutores con un aire pensativo y soñador y tomó su gorro. Estaba muy tranquilo, en comparación con la forma en que había entrado allí, y se daba cuenta de ello. Todos se levantaron.

Crimen y Castigo, F. M. Dostoievski

viernes, 4 de enero de 2013

Raskolnikov.

Se torturaba con este doloroso interrogatorio, experimentando con ello una especie de voluptuosidad. Esas preguntas no eran nuevas para él; nada tenían de inesperado. Hacía tiempo que esas reflexiones veníanse acumulando hasta el punto de revestir la forma de una pregunta terrible, fantástica y salvaje que le quemaba el cerebro y el espíritu, exigiendo una respuesta que él no era capaz de encontrar. En aquel instante la carta de su madre heríale como un rayo. No era aquél el momento de lamentarse, de sufrir pasivamente, después de haberse demostrado que sus problemas no tenían solución; era preciso intentar alguna cosa, pero en seguida, a la brevedad posible, a cualquier precio; urgía adoptar una resolución.

"¡O renunciar a la vida! —exclamó con violencia—, aceptando el destino tal cual es, de una vez por todas, y ahora dentro de mí, abdicar del derecho de hacer, de vivir, de amar! ¿Comprede usted, señor, lo que significa no saber a dónde ir?" —dijo de pronto, recordando la pregunta formulada la víspera por Marmeladov.

 Crimen y Castigo, F. M. Dostoievski.