jueves, 12 de abril de 2012
Parábola.
jueves, 19 de enero de 2012
Såsom i en Spegel.
lunes, 9 de enero de 2012
Рублёв
Cuando una estrella termina su época de apogeo y se le acaba el combustible, comienza a quemar elementos cada vez más pesados, hasta que ya no tiene qué fundir. En ese punto, ya está por morir. Luego estalla, es una supernova. Y después se contrae, se vuelve una estrella de neutrones, pequeña y muy densa. Hasta que, luego de millones de años, la gravedad vence sus deseos, por así decirlo, de seguir existiendo, de salir afuera. Y colapsa. Se convierte en un agujero negro. Luego de eso, es un infinito vacío, una infinita oscuridad.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Uno.
Esa cálida noche, Prestidigitador corría a toda prisa por entre los oscuros y húmedos callejones, cuando de pronto se vio frente a frente con una estrella. El astro no pasaba del metro y medio de alto y tenía forma indefinida, aparentemente circular. Irradiaba una intensa luz blanca levemente azulada y levitaba a unos veinte centímetros del suelo adoquinado. Explotaba intensamente cortos haces, que en ocasiones se tornaban multicolores, que si se entrecerraban los ojos, esto se hacía más notorio. Prestidigitador se detuvo en seco frente a alucinante visión, sus ojos opacos parecían tener cierto brillo, como nunca antes. De pronto, al verlo fijamente durante unos segundos, parecía como si tuviera cierto toque de vida... algo en la mirada, algo en el color. Prestidigitador en su perfecto traje azul marino -casi negro- se mantuvo quieto en la misma posición durante exactos mil años. Al día mil uno, Prestidigitador pestañeó una vez para luego seguir moviendo la quijada. Abrió la boca a dos centímetros por segundo hasta llegar al minuto. Cerró los ojos cuanto pudo y lanzó un grito agonizante que unió los límites del plano de la tierra volviéndola circular. Los movimientos que nacían de su garganta se movieron rectos por los adoquines hasta derribar el muro al final de la ruta que Prestidigitador nunca pudo terminar, mientras corrió entre los callejones infinitos durante tres milenios.
Todas las barreras se habían terminado. Prestidigitador cerró la boca al mismo tiempo que abrió los ojos. La estrella lo había adelantado tanto que sólo una suave estela de luz había quedado en el camino. Prestidigitador emprendió nuevamente el trote en busca del próximo infinito que le aguardaba a la vuelta de la siguiente esquina para los próximos tres milenios.