Se duerme el cuerpo, se duerme el rededor, se despierta el existir. Y siento este claro de quietud y una brisa que hace pequeños remolinos. Siento el silencio gritar agónico y el dolor aliviarse a lágrimas. Es el desliz, un canto de esperanza desde el fondo del cielo. La soledad es sublime.
Desde el otro lado...
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