domingo, 26 de diciembre de 2010

αὐστηρός.

Todos eran soplos de la ignorancia, la inocencia. El mundo era gigante, pero lo conocía todo. Eran soplos, pequeños soplos. Éramos pequeños, de pasos cortos, de llanto tonto. Todo era posible, todo estaba bien, todo era todo. ¿Cuándo fue que no pudimos soplar más? Tornados, huracanes, grandes tormentas y seguí siendo ignorante, pero torpe. Doy pasos grandes, tan grandes que me pierdo. No hay lugar para esconderme, ni bajo la mesa, ni bajo las sábanas. Tampoco en los brazos de nadie. Esta violencia no me pertenece, tampoco la noche entera. No soy yo quien merece las cargas, las descargas, las mordidas. Qué horrible es estar sola, caminar la noche entera, las náuseas por ver amanecer. Nunca quise esto. Que me perdonen en el bosque, que perdonen la insolencia. Perdón por decidir, pero este es el camino.

2 comentarios:

_ dijo...

Uno puede perdonar y ser perdonado pero lo increiblemente retorcido es perdonarse a uno mismo. Un desalojo de culpa. Y cómo hacerlo sin ser cínico.

Ya pronto año nuevo para ensuciar.
Acá anda faltando violeta.

Opte por el amor constructivo o por el sexo desenfrenado, nada de soledad. Una gota no es lluvia.

¿Qué tiene el bosque que nadie ve? Sombras, de día y noche tiene sombras.

_ dijo...

Feliz liz!