domingo, 27 de marzo de 2011

latrocinio.

No se había visto jamás, ser más repulsivo. Tenía la cabeza hinchada, la nariz aguda, el cabello duro y espeso. Caminaba siguiendo su impulso por arrastrarse. Su cuerpo pesaba toneladas, por la carga que le producía la culpa en su espalda curva de tanto mentir. De sus piernas, de cada poro emanaba el hedor del apellido mediocre que heredó. Similar a un humano, imbécil como tal. Vino un día hasta mí a hablarme de los cuentos de su tierra ¿quién creíase aquel ser, al pensar que llegaría a mi reino de diamantes y oro? ¿quién creíase que soñó su vida entera conmigo, para un día volverme repugnante como él? Aquel, merodeó un tiempo. Se vistió con diamantes falsos y lino que robó, a ver si un día se volvía hermoso, ¡Simonía!. Pobre mendigo de la decencia, siento lástima por él, ahora que lo recuerdo. Mientras estuvo, todos los jardines se marchitaron, las frutas se pudrieron, el cielo se oscureció, hasta que un día, ya no salió más el sol. Arruinó cuanto pudo, envenenando almas con su lengua viperina, ¡Hipócrita!. Baratero, hijo del hombre, no tenía ascendencia, nunca conoció el amor, hijo del miedo. Desde mi ventana lo veo alejarse cargando la vergüenza que lo hace hundirse en el barro, y así hasta que una noche oscura, nubosa y fría llegue al pantano de donde vino para ahogarse infinitamente en él, sin nunca morir.

2 comentarios:

Emerson Steelfingers dijo...

Creo conocerte un poco, y dentro de lo poco que creo conocerte, creo saber, que no "inventas" historias. Creo saber que tus histoiras son de carne y hueso y no simples metáforas escritas a modo de metáfora.

Algún día (uno de esos días que nos encontremos), espero que me lo apuntes, para conocerlo.

_ dijo...

Algo pasa/pasó.

Hay diferencias de tono entre estos textos y los más viejos(?).

Estos últimos están barrocos.

Como si se pasara de matar con un cuchillo a matar a mazasos.

Y se lo digo porque espero.