Sin seguridad, puso el punto final. Le ató un hilo y se volvió uno más de los cientos de relatos colgantes de las ramas que rozaban el Cielo. Se acercaba la primavera y los relatos volverían a impregnarse del olor de la esperanza y la melancolía.
Cuántos relatos más han de pender.
Cuántos puntos finales más ha de plasmar hasta el eterno.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Los domingos, una señora del barrio, se saca el alma que lleva pegada al cuerpo como si fuera una remera y la friega contra la tabla de lavar con jabón y cepillo. Después la cuelga al sol. Pero nunca llega a bajarla porque la piel transparente de su alma se evapora a las horas y se condensa en el cielo por las noches formando estrellas. Todos los domingos lo hace.
A veces la veo caminar hacia el mercado y, por el movimiento de las caderas, tengo la sensación de que más que dar pasos ella repta.
No sé que le anda pasando a su corazón, tal vez se le heló por tener la sangre fría.
Pero, por más que quiero, no logro imaginarla cachorra y a los saltos entre la hierva.
¿Acaso serán mil amores o siempre es un único amor que al perderse no se puede recuperar?
A usted le digo, que no la veo fregando el alma, salte cachorra y arremoline las hiervas.
En la selva siempre hay ojos agazapados listos para atacar.
Publicar un comentario