martes, 16 de agosto de 2011

Qué pena siente el alma.

Debe saber que hay dolor intenso, un sueño violento, también uno muy triste.
Debe saber que he tenido que huir, para contener tamaño derrumbe.
Me he deshecho en la arena, o quizá me he ahogado por lavar el cielo.
Debe saber que existe este sacrificio, que no es pretensión u orgullo.
Debe saber que me duele el alma, que tengo una herida profunda que no quiere cerrar.
Debe saber que un día verá que ha sido mejor mi sacrificio terrible, al dolor póstumo de la ignorancia.
Debe saber que me va matando.
Que no es justo este dolor.

No dejó tiempo para el tiempo, quizá mañana me arrepienta, pero de qué servirá ya...


domingo, 14 de agosto de 2011

Cielo.

Sin seguridad, puso el punto final. Le ató un hilo y se volvió uno más de los cientos de relatos colgantes de las ramas que rozaban el Cielo. Se acercaba la primavera y los relatos volverían a impregnarse del olor de la esperanza y la melancolía.
Cuántos relatos más han de pender.
Cuántos puntos finales más ha de plasmar hasta el eterno.

sábado, 30 de julio de 2011

Manuel de Ribera.

"Acá siempre inventan historias de hombres solos. De personas solas. Sí po', historias tontas.

"¿Qué historia quiere contar?
Acá siempre andan inventando historias de hombres solos, de personas solas. Porque está lleno de lugares vacíos no más. Hay menos gente, menos cosas. Todo está más así no más. Pero hombres solos hay en todos lados... y lugares vacíos también. ¿Pa' qué venir tan lejos?

"La gente nace en su isla y ahí están. Pero no están. Están, pero no están. A veces se van a buscar suerte lejos. Vueltas pa' allá, vueltas pa' acá, vueltas pa' allá y vueltas pa' acá de nuevo. Son hueones, si al final ¿Dónde terminan muriendo? En su isla no más po', cada uno en su isla. Así es no más po'."


sábado, 16 de julio de 2011

ftw.

Esa noche calurosa de verano, con el odio, el dolor, el miedo, levanté el rostro lleno de barro. Y de mis brazos ensangrentados, y de mis manos envenenadas, juré que ganaría el reto.
Miren hasta donde he llevado este juego, los caídos.

lunes, 13 de junio de 2011

YHWH.

Todos los sueños que me levantaron de la comodidad de la cama. Mis llamados en el despertar dentro del sueño.
Voy a caminar hasta el otro lado, a ver si esta vez logro cruzar la habitación. Y ahora espero no verte, no verte más.
Pero ya veo, estás ahí.


Un gran viento atravesó el bosque oscuro de verde temor. Una y otra vez dobló los árboles hasta oírlos gemir, retorciose en una danza bruta hasta arremolinar las hojas aún llenas de vida. Y la habitación crujió acongojándose con cierta melancolía, llamando. En estas sábanas eternas, maternales, lechosas, he encontrado el despertar, hoy como otras veces. Y mi cuerpo es pequeño, mis manos torpes, he vuelto a lo que fui, porque nunca dejé de serlo. No soy más que ingenuidad en un mundo que creí conocer. De mis pasos cortos, voy dando zancadas para alcanzar la otra entrada del hogar, para entrar en este espacio.
Por cada gota que cae, siento una puntada de dolor agobiante. Y cada puntada, es una yaga infinita por ti. Y no estás, no te puedo ver. Si empeño todas mis fuerzas en abrir esta puerta, podría agotarme por eternos años intentando encontrarte, mas no se abriría jamás. Ahora sé que cuando me de la vuelta, no volveré a mirar por sobre mi hombro, y sabré que la puerta está abierta y quizás estés en el suelo, esperando lo que sabes que no volverá.

Pero cómo habría de saberlo. Cómo podría saberlo. Estos son los dominios insondables del otro lado del espejo.