martes, 11 de enero de 2011

... citera.

De pronto ya es muy tarde. Esconder el rostro, llorar, avergonzarse, es poco.
El amor era caminar de las manos en la noche, a paso rápido. Era el despertar en calor, no poder abrir los ojos, sentirse. Era un llamado tras la puerta, una mano estirada. El amor era la mirada después del orgasmo, la sonrisa de satisfacción. El gemido mudo, el abrazo de confidencia. También la lágrima en la soledad. Amor, cuánto te amé. Amor, cuán sola me sentí. Y ahora es tarde.

Es tan tarde... se ha ido el velo de la complicidad, la sombrilla de la apología. Y mirate. Y mírame. Mira todo esto, ahora que puedes ver. Mira, qué tarde es, mira cuán lejos estamos. Todo me parece ajeno, palanganeo, banal, hasta las cosas más sencillas. Me apena verte tan solo, ingenuo, usado... ¡qué dolor es este que me contiene en las náuseas! Quiero taparme los ojos para no ver tanta verdad y arrancarme el alma para no vivir en sensatez. Quiero que esto acabe como debe hacerlo.

Qué tarde es... cuántas veces lo anuncié. Qué tarde es, ya casi no te reconozco en esta oscuridad. Amor.

2 comentarios:

Emerson Steelfingers dijo...

Fuerte loco, fuerte.

_ dijo...

Nunca rostro, nunca.

Imaginate una esquina llena de gente y entre medio de ellos un señor medieval. Parece interesante, pero está desubicado.

Me dio una imagen. Que los amores acumulan océanos y que al despedirse se secan, el agua se evapora. Luego, con el tiempo, ocurre un dia nublado en el interior y los trozos de ese amor caen, la lluvia cae, en gotas caen.

Pero el océano no vuelve a cubrirse de agua, queda el fondo seco.

Oceamor, desierto, lluvias y más desierto.

Que se te inhunde el alma
:)

Ah, y por cierto, nunca respetes las reglas todo el tiempo ;)