miércoles, 25 de mayo de 2011

ignite the bright rod.

Estuvieron un tiempo sentados dentro, mirando los tejidos. Salieron, corría un viento helado. Era muy pronto para despedirse, ella se quedó parada, él se acercó. Le besó la mejilla dulcemente, y no paró más. No los detuvo la gente que pasaba alrededor, ni el frío, ni las horas; ni nada, ni nadie. Dieron una vuelta completa en sí mismos sin darse cuenta. Reafirmaron la unión, acabando la distancia de los años. Entonces ya no hubo más tiempo, un momento infinito y único los envolvió para no soltarlos más. Se miraron a los ojos y se sintieron, por un largo rato.

- Voy en micro, ¿y tú? -dijo él.
- En metro.
- Vamos.

Se sonrieron.

2 comentarios:

_ dijo...

Besos sobre mejillas frías. Plena dulzura.

Emerson Steelfingers dijo...

Hermoso.

Echaba tanto de menos escritos como éste!